El micro nuestro de cada dìa

(CRONICA)

El micro nuestro de cada día, si aquel por el que muchas veces llegamos estresados a casa, ese que te hace pasar un sin fin de emociones, si tu eres uno de los que alguna vez o todavía tomas alguno de estos vehículos, eh aquí una pequeña crónica que me paso saliendo de la universidad.

Día con mucho ajetreo en la universidad, los ánimos no estaban del todo bueno, después de una agotadora mañana entre exposiciones, pruebas y uno que otro debate en clase, las teorías de la comunicación y todo el rollo.

Salí presuroso a querer dirigirme a casa de un amigo, la avenida estaba poblada de universitarios al igual que yo, todos en espera de su ansiado micro y esta vez tratar de guerrear por los cincuenta centavos, que como dicen en muchos de los micros "la china ya murió, la mato el cholo" bueno carne en mano, abordé el micro morado, la línea A1, aproximadamente serian veinte minutos de viaje. Al abordar se pude ver un gran número de escolares, los cuales salen de la GUE (Gran Unidad Escolar), todos ellos con sus uniformes guindas, al lado señores con terno y corbata, al parecer profesores o algún otro profesional que se dirigía a su casa, pues la hora lo ameritaba.

Eran casi la una de la tarde el calor era sofocante, el sudor los hedores, los gritos de el no muy amable "cobrador" hacían insoportable el viaje, además hay que agregar la música estridente que en ella se escucha, grupos como: armonía 10, tongo y más ofertan sus bailes dicha emisora, mientras tanto, yo me encuentro de pie ya que no pude encontrar asiento, el micro parece tener demasiada prisa, la velocidad va cada vez en aumento, pasamos por ovalo larco, parece que el micro se fuera a volcar, si no lo hizo fue de pura casualidad.

El camino todavía era largo, faltaban casi 20 cuadras para llegar a casa de Rodolfo, pero la cosa se complicaba a cada minuto, el calor era asfixiante, las pequeñas ventanas poco o casi nada de aire dejaban entrar par soportar tremendo calor.

Cuando al fin logré avizorar la esquina donde debía bajar, tuve que como de lugar llegar a la puerta, tarea muy difícil en esas condiciones; empujón tras empujón y una que otra pisada, hicieron un previa antes de llegar a la puerta; saqué mi carne y mis cincuenta centavos, el cobrador dijo: "son sesenta" lo quedé mirando y tuve que pagarle.

Le dije: " en la esquina baja"
Miró bien las monedas y repitió lo mismo al conductor: "esquina bajaaaa...!!" después de eso solo dijo: “pie derecho, pie derecho", juro que no supe que hacer, ya que el micro han seguía en movimiento, cuando por fin bajó la velocidad considerablemente logré bajar.

Una vez recuperado del susto por tener que bajar de un vehículo en marcha, solo atiné a agradecer mi suerte por permitirme terminar vivo de dicho viaje.

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